domingo, diciembre 31, 2006

The Mantle

ÉL la miró directamente a los ojos encharcados en lágrimas. Esos ojos color miel que tantan veces le habían servido de apoyo. El sudor inundaba su frente mientras su mano sujetaba firmemente la pistola, dirigida al rostro de aquella mujer con la que tanto había compartido. Su frío rostro permanecía impasible ante lo que se avecinaba. Muerte. De pie, seguro, amenazante ante la frágil figura femenina a la que apuntaba. El derramamiento de sangre era inevitable. Sus ojos se empezaron a humedecer.

ELLA le seguía amando. Acuclillada ante su asesino correspondió su mirada. Las lágrimas corrían por sus mejillas, pero no se permitió pedir compasión. La muerte esperaba. A pocos centímetros de su frente sintió el frío del cañón, y, sin embargo, durante un breve instante se sintió reconfortada porque era la mano de su hombre la que sujetaba el arma. Él la vería respirar por última vez. Un suspiro brotó de sus labios.

...

Los segundos parecieron siglos.

...

ÉL yacía en el suelo, con la pistola aún en su mano, una bala en su cabeza y un agujero en su sien.

ELLA lo amó más que nunca.



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